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sábado, 14 de diciembre de 2013

Arte Paleocristiano. Las catatumbas

El conocimiento del arte cristiano se inicia a través de la pintura de las catacumbas de Roma, pues es un hecho claro que no existe arquitectura anterior al extraordinario impulso creador de Constantino y sus arquitectos. Las comunidades de fieles vivían y celebraban sus cultos en edificios privados, que serán los tituli romanos posteriores. Y el hallazgo excepcional de alguno de estos templos, como en Dura Europos, junto al desierto de la frontera de Siria y Mesopotamia, constituye un ejemplo citado siempre.
Las persecuciones, la imposibilidad de construir, han sido la causa de la falta de una arquitectura propia para este momento inicial. No sucede lo mismo en relación al mundo funerario. Las familias poseían terrenos fuera de los muros de la ciudad, y en estos terrenos su aprovechamiento llevó a la excavación de galerías múltiples, verdaderas colmenas subterráneas que conocemos como catacumbas. Las familias paganas permitían enterrar en ellas a cristianos, y en sus muros, con una finalidad puramente funeraria, aparece la primera pintura.
La pintura de las catacumbas va estrechamente unida a los primeros balbuceos de escultura funeraria en los frentes de los sarcófagos, de forma que en pintura y en escultura tenemos el inicio de la iconografía paleocristiana, y será en ella donde el simbolismo se desarrollará a lo largo de los siglos III y IV. Las catacumbas de Roma fueron lugares de peregrinación y de culto martirial, paralelo al de los grandes santuarios o martyria orientales, objeto de tantas y tan continuadas peregrinaciones.
A finales del siglo II, o mejor a principios del III, se colocan los ejemplos más antiguos de pintura cristiana, que corresponden al hipogeo de los Flavios, en las catacumbas de Domitila, a la cripta de Ampliato en las mismas catacumbas y a la famosa cabella greca de la catacumba de Priscila. Todavía es patente la tendencia ornamental simple, lineal sobre fondos blancos o amarillos, como una regresión completa de la pintura ornamental de tipo alambicado, complejo, arquitectural, ampliamente pictórico y colorista de los estilos imperiales romanos, tanto de Pompeya como de otros lugares.
Entre líneas que recuadran muros y bóvedas aparecen individualmente algunas figuras simbólicas entre otras el Buen Pastor y el Orante o la Orante, figuraciones de Cristo y de los fieles, iniciando una iconografía que participa, en un principio, de temas mitológicos. Otras veces, en lugar de temas figurados, hay elementos ornamentales semejantes a los de ciertas tumbas paganas, como las de la Isola Sacra de Ostia Antica, con pájaros, amorcillos, representaciones de las estaciones del año, etc.
El siglo III es muy rico en pintura. En la catacumba de San Calixto, en el hipogeo de Lucina o en el de los Sacramentos tenemos escenas de salvación a partir de los textos del Antiguo Testamento. Junto a un Buen Pastor o al Orante se representa a Daniel en el foso de los leones y a lo largo de las paredes, el ciclo de Jonás y otros que hacen alusión al Bautismo y a la Eucaristía como vías de salvación frente a la muerte, que es el estado de pecado. En la cripta de Lucina, cabezas femeninas representan las Estaciones.
Hacia la mitad del siglo, el arte tiende hacia formas más clásicas, como es posible ver a través de las bellísimas cabezas de los Apóstoles de la tumba de los Aurelii, junto a la Vía Manzoni, de fino modelado y que se fechan hacia el 240. Del mismo estilo y calidad es la famosa Orante del cubículo de la velatio, en la catacumba de Priscila, de volumen esférico, pintada entre una figura de la Virgen y el Niño y un maestro, de finales del siglo III.
En este último ejemplo domina una nueva forma plástica con tendencia constructiva, rotunda, que parte de las formas frecuentes en tiempos de Galieno, como la famosa Orante de San Calixto y en general todo el conjunto, entre flores y jardines, del cubículo de los cinco santos, Dionisio, Nemesio, Procopio, Heliodoro y Zoé de las mismas catacumbas, fechado bajo el pontificado del papa San Marcelo en el año 308 o 309.
Este estilo llegará hasta finales del siglo IV, como lo demuestran la rotundidad de volúmenes de la famosa y expresionista Orante de las catacumbas de Trasoñé, del siglo IV, o los rasgos fisonómicos más concretos de las figuras de las catacumbas del cementerium maior, si bien en la segunda mitad del siglo IV se desarrollarán otras corrientes como el llamado estilo bello, representado sobre todo en las nuevas pinturas de las catacumbas de Vía Latina.
El estilo bello aparece en las pinturas más clásicas halladas en un sorprendente buen estado de conservación en la ya famosa catacumba de Vía Latina. En ella se alternan los cubiculi con temas cristianos y otros paganos, lo que ha hecho suponer se trata de un cementerio privado donde algunos miembros de la familia, todavía paganos, continuaban con sus creencias, o bien se ha buscado un significado cristiano a los temas que no lo son, como el bellísimo ciclo de los trabajos de Hércules. El ciclo narrativo, tema típico de esta mitad del siglo IV, en especial de la historia del pueblo elegido, tiene aquí una belleza singular.
A finales del siglo aparecen los temas triunfales frecuentes más adelante en la gran pintura y mosaico monumental. El tema de la traditio legis, manifestación plástica de la raíz divina de la Iglesia, se presentará con mucha frecuencia. También se representa a Cristo entre los Apóstoles, entronizado, triunfante, acompañado del Cordero Místico. El ejemplo más bello de esta corriente es el fresco de las catacumbas de los Santos Pedro y Marcelino.


domingo, 24 de noviembre de 2013

Catacumba de San Calixto

Catacumba de San Calixto


Las catacumbas empezaron a existir hacia la mitad del siglo II y forman parte de un complejo que ocupa una extensión de 15 hectáreas, con una red de galerías de casi 20 km en distintos pisos, y alcanzan una profundidad superior a los 20 metros. En ellas se enterraron a decenas de mártires, 16 pontífices y muchísimos cristianos.
Reciben su nombre del diácono (y más tarde, papa) San Calixto, designado a principios del siglo III por el Papa Ceferino como administrador del cementerio. De ese modo, las catacumbas de San Calixto se convirtieron en el cementerio oficial de la Iglesia de Roma.Sus ampliaciones continuaron hasta la primera mitad del quinto.

En su origen fueron sólo lugar de sepultura. Los cristianos se reunían en ellas para celebrar los ritos de los funerales y los aniversarios de los mártires y de los difuntos.

Las catacumbas están formadas por galerías subterráneas, que parecen laberintos y que en conjunto alcanzan a medir muchos kilómetros. En las paredes detoba de este intrincado sistema de galerías se excavaron filas de nichos rectangulares, llamados lóculos, de diferentes dimensiones, capaces de albergar un solo cadáver, aunque no era raro que contuviesen dos o más.
La sepultura de los primeros cristianos era muy sencilla y pobre. Siguiendo el ejemplo de la de Cristo, se envolvían los cadáveres en una sábana o lienzo, sin ataúd. Los lóculos se cerraban después con lápidas de mármol o, en la mayor parte de los casos, con piezas de barro cocido y se fijaban con argamasa. Sobre la tapa se grababa a veces el nombre del difunto, con un símbolo cristiano o el deseo de paz en el cielo. Con frecuencia se ponían junto a las tumbas lámparas de aceite o redomas con perfumes.
Por su colocación en filas superpuestas, las tumbas daban la idea de un gran dormitorio, llamado cementerio, término de origen griego que significa "lugar de descanso". De este modo, los cristianos querían afirmar su fe en la resurrección de los cuerpos. Además de los lóculos, había otras clases de tumbas: el arcosolio, el sarcófago, la forma, el cubículo y la cripta.

Como no podían profesar abiertamente su fe, los cristianos se valían de símbolos que pintaban en los muros de las catacumbas y, con mayor frecuencia, grababan en las lápidas de mármol que cerraban las tumbas.

Las catacumbas de San Calixto están actualmente abiertas al público que las quiera visitar.



sábado, 22 de noviembre de 2008