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lunes, 5 de mayo de 2014

Museo Del Prado

                                                           


                                                               MUSEO DEL PRADO

                                 

                                                       


En los últimos años del reinado de Carlos III, el 30 de mayo de 1785 se encarga a Juan de Villanueva el proyecto del Gabinete de Ciencias de Historia Natural y Academia de Ciencias, obra impulsada por el conde de Floridablanca y que actualmente alberga el Museo del Prado.
El edificio se concibe como tres cuerpos o edificios autónomos, pensados con total independencia de uso e incluso de imagen al exterior, cada uno de ellos con accesos diferenciados.
Al espacio central se accede a través de un pórtico hexástilo, de columnas toscanas, con un riguroso entablamento y una pronunciada cornisa, rematada con un ático cuadrangular. Ante este pórtico se levanta la estatua de Velázquez que da nombre a la puerta.
El espacio central se une con los volúmenes cúbicos de los extremos a través de dos alas longitudinales, integrando así de manera acertada cinco células diferenciadas e independientes.
El pabellón norte se organiza en torno a una rotonda cobijada alrededor de una estructura cuadrada. La fachada se resuelve con un pórtico jónico in antis que sostiene un entablamento. Esta fachada corresponde a la segunda planta del edificio, al quedar la primera originalmente bajo el desnivel del terreno, accediéndose a través de una rampa. Al allanarse el nivel del suelo hasta el suelo real de edificio, se ha construido una escalinata para acceder a la primitiva puerta, desfigurándose la concepción original de Villanueva. Al levantarse una estatua de Goya enfrente de este acceso recibe el nombre del famoso pintor aragonés.
El pabellón sur es palaciego, empleando el orden corintio y apreciándose una clara influencia italianizante, articulándose en torno a un patio cuadrado y una estructura circular que hoy alberga una de las obras más famosas de la pinacoteca: la Familia de Carlos IV de Goya. La fachada sur presenta dos plantas: en la inferior se encuentra una gran puerta de acceso constituida por un vano adintelado mientras que la superior está constituida por una logia configurada por seis columnas de orden corintio que sostienen un entablamento.
Las amplias salas centrales del edificio son abovedadas, destacando la rotonda norte constituida por ocho columnas de orden dórico y cubierta con bóveda de casetones.
Al exterior, el edificio presenta dos plantas, mostrando en las alas longitudinales una logia adintelada en la superior y una arquería ciega en la inferior, alternando los arcos con hornacinas cuadrangulares en las que se ubican grandes maceteros y estatuas. Sobre estas hornacinas se encuentran medallones con las efigies de importantes escultores, pintores y arquitectos hispanos.
Una de las características definitivas de esta construcción es la alternancia entre piedra y ladrillo, que se convertirá en una constante de la arquitectura de Villanueva y en una significativa influencia en la madrileña arquitectura contemporánea.
La simplicidad del diseño, su alineamiento horizontal y el carácter de su volumen abstracto han sobrevivido casi intactos a través del tiempo. Su disposición cúbica y maciza resume el espíritu del neoclasicismo. Sin embargo, también la obra de Villanueva acrecienta su monumentalidad por su relación con la vasta explanada delantera con la que condesciende en su longitud y altura visual. La planta está sustentada en diferentes episodios formales que responden a distinta función. Tal funcionalismo se refleja en la propia separación en dos niveles distintos (bajo y alto) de la actividad científica y en las propias entradas con deliberada orientación opuesta. Se ha calificado su diseño de voluntad diacrítica ya que cada cuerpo se independiza formal y volumétricamente. Sin embargo, el enlace estructural se logra por la unidad de los materiales y una sincronización armónica de los cuerpos diferenciados. Su heterogeneidad es un valor añadido, como lo es también su analogía con la arquitectura religiosa por su inserción central basilical, su pronaos y el zaguán que evoca el espacio transicional de un nártex.

martes, 24 de mayo de 2011

Capilla Palafox de Burgo de Osma de Juan de Villanueva. Arquitectura


En 1761 el padre franciscano Joaquín Domingo de Eleta, natural de El Burgo de Osma y confesor del rey Carlos III, resuelve realizar una capilla para venerar a Juan de Palafox y Mendoza, obispo de la Diócesis de Osma entre los años 1654 y 1659.

Situada detrás del Altar Mayor en el centro de la girola, este conjunto es un claro exponente del paso del estilo Barroco al Neoclásico. Posee una gran riqueza, no sólo por el empleo de materiales nobles, sino por la gran diversidad de manifestaciones artísticas.

La capilla es de planta central, una rotonda articulada en torno a cuatro grandes columnas corintias con pilastras intercaladas y una recapilla secundaria.

En la construcción de esta capilla intervinieron maestros de primera línea: los tracistas fueron Juan de Villanueba y Francisco Sabatini. La bóveda fue realizada por Domingo Brili y la pintura mural por Salvador Maella.

Junto al ábside del templo catedralicio se encontraban, desde el siglo XVI, las casas consistoriales de la villa de El Burgo de Osma, lo que fue causa de no pocos problemas. Cuando en la segunda mitad del siglo XVIII la catedral necesitó espacio sobre el que levantar las nuevas dependencias de sacristía, capilla de Palafox y otras salas, la problemática se agudizó. A la hora de elegir el sitio, el obispo Calderón consideró que el más idóneo era el que ocupaban las casas consistoriales, por ello se llegó a un acuerdo con la villa para que cediese a la catedral ese lugar a cambio de que ésta costeara la edificación de un nuevo ayuntamiento en otro lugar, eligiéndose el frontero al Hospital de San Agustín, con lo que se originó, al erigirse también casas particulares, una nueva plaza Mayor.

Francisco Sabatini, sabiendo las dependencias que se querían construir (girola, sacristía, capilla y salas anejas) y basándose en unas mediciones realizadas por otros arquitectos, elaboró unas trazas para la ampliación de la cabecera catedralicia en 1769. Sin embargo, quien concretó el proyecto fue Juan de Villanueva, por iniciativa de uno de los personajes que más influían en la voluntad del monarca, su confesor el burgense fr. Joaquín de Eleta.

Las obras para la construcción de la sacristía, una vez demolido el edificio que servía de ayuntamiento, comenzaron el 25 de junio de 1770 con arreglo a la traza ideada por Juan de Villanueva y bajo la dirección de Ángel Vicente Ubón. Su inauguración tuvo lugar el día 8 de septiembre de 1775.

La capilla de Palafox presenta una planta centrada en una rotonda conformada por cuatro grandes machones con dos pilastras en su frente, flanqueando los nichos donde se colocan las esculturas de las virtudes cardinales, que dejan otras cuatro aberturas con dos columnas cilíndricas exentas de extrañísimos capiteles y perfil de fuste en cada una de ellas. Las aberturas corresponden al vestíbulo, al presbiterio alargado y a los dos altares laterales de Santo Domingo y San Pedro de Alcántara. Las dos columnas del frente de la capilla, dispuestas delante de sendos machones prismáticos de planta rectangular, al que se adosan pilastras corintias, separan la rotonda del alargado presbiterio, iluminado por un transparente y con un fresco de Mariano S. Maella. En el testero está colocado el retablo que iba a servir de cobijo a la escultura de Palafox una vez beatificado y que hoy preside la estatua de la Inmaculada, de Roberto Michel.

La entrada de la capilla se remarca con una clásica portada, con arco de medio punto enmarcado por columnas jónicas que soportan el entablamento y el frontón triangular. En el interior, sobre el ingreso, se encuentran las armas del rey Carlos III, que se reservó el patronazgo del recinto, por lo que esta capilla tiene el título de Real.

viernes, 20 de mayo de 2011

Museo del Prado. Juan de Villanueva


El Museo Nacional del Prado, ubicado en Madrid, España, es uno de los más importantes y más visitados del mundo (el noveno en2009). Singularmente rico en cuadros de maestros europeos de los siglos XVI al XIX, su principal atractivo radica en la amplia presencia de Velázquez, Goya (el artista más extensamente representado en la colección),Tiziano, Rubens y El Bosco, de los que posee las mejores colecciones que existen a nivel mundial, a lo que hay que sumar destacados conjuntos de autores tan importantes como El Greco, Murillo, Ribera, Zurbarán, Rafael, Veronese, Tintoretto o Van Dyck, por citar sólo los más relevantes. Las crónicas limitaciones de espacio explican que el museo exhiba solamente una selección de obras de máxima calidad (unas 900 pinturas), del total de más de 7.900 que tiene en su inventario, y que por ello sea definido como «la mayor concentración de obras maestras por metro cuadrado». Gracias a la reciente ampliación de Rafael Moneo, se prevé que la selección expuesta crezca en un 50%, con unas 450 obras más.

Al igual que otros grandes museos europeos, como el Louvre de París y los Uffizi de Florencia, el Prado debe su origen a la afición coleccionista de las dinastías gobernantes a lo largo de varios siglos. Refleja los gustos personales de los reyes españoles y su red de alianzas y sus enemistades políticas, por lo que es una colección asimétrica, insuperable en determinados artistas y estilos, y débil en otros. Sólo desde el siglo XX se procura, con resultados desiguales, solventar las ausencias más notorias.

Las escuelas pictóricas de España, Flandes e Italia (sobre todo Venecia) ostentan el protagonismo en el Prado, seguidas por el fondo francés, más limitado si bien incluye buenos ejemplos de Nicolas Poussin y Claudio de Lorena. La pintura alemana cuenta con un repertorio discontinuo, con cuatro obras de Durero y múltiples retratos de Mengs como principales tesoros. Junto con un repertorio británico limitado, circunscrito casi al género del retrato, hay que mencionar la pintura holandesa, una sección no demasiado amplia pero que incluye a Rembrandt.

El Prado no es un museo enciclopédico al estilo del Museo del Louvre, la National Gallery de Londres, o incluso (a una escala mucho más reducida) el vecino Museo Thyssen-Bornemisza, que tienen obras de prácticamente todas las escuelas y épocas. Es una colección intensa y distinguida, formada por unos pocos reyes aficionados al Arte, donde muchas obras fueron creadas por encargo. El núcleo procedente de la Colección Real se ha ido complementando con aportaciones posteriores, que apenas han desdibujado su perfil inicial. Muchos expertos la consideran una colección «de pintores admirados por pintores», enseñanza inagotable para nuevas generaciones de artistas, desde Manet y Toulouse-Lautrec, que visitaron el museo en el siglo XIX, hasta Picasso, Matisse, Dalí, Francis Bacon y Antonio Saura, quien decía: «Este museo no es el más extenso, pero sí el más intenso».

Aunque sean aspectos menos conocidos, cuenta también con una importante sección de Artes decorativas (Tesoro del Delfín) y con una destacada colección de esculturas greco-romanas. Junto con el Museo Thyssen-Bornemisza y el Museo Reina Sofía, el Museo Nacional del Prado forma el Triángulo del Arte, meca de numerosos turistas de todo el mundo. Esta área se enriquece con otras instituciones cercanas: el Museo Arqueológico Nacional, el Museo Nacional de Artes Decorativas, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernandoy otros pequeños museos.

El edificio diseñado por Juan de Villanueva, en su concepción original, está formado por un cuerpo central terminado en ábside, al que flanquean dos galerías alargadas que terminan en pabellones cuadrados, uno a cada extremo. Dicho esquema fue ampliamente modificado, primero para adaptar al uso de pinacoteca un edificio que había sido concebido para Gabinete de Historia Natural (luego Museo de Ciencias Naturales), y después en las sucesivas ampliaciones que se fueron realizando, y que afectaron sobre todo a la fachada que mira a la iglesia de los Jerónimos.

El cuerpo central destaca en planta y en alzado por un gran pórtico compuesto por seis columnas de orden toscano, un entablamento, una cornisa y un ático que lo remata. Esta fachada es el acceso principal, orientado hacia el Paseo del Prado, y presenta la originalidad de no disponer sobre la columnata del característico frontón triangular, sino de uno con forma rectangular, adornado por un friso escultórico obra de Ramón Barba, representando una alegoría del rey Fernando VII como protector de las ciencias, las artes y la técnica. En su cara posterior, esta sección central termina en forma semicircular o absidial, de tal modo que su plano adopta forma basilical. Originariamente, dicha estancia abarcaba las dos plantas de altura, y a finales del XIX se dividió en dos pisos. El inferior era la sala de juntas, hasta su reciente conversión en recibidor. La planta superior es la actual sala 12, presidida por Las Meninas.

Las dos galerías laterales tienen dos plantas en altura. La inferior con unos ventanales profundos y alargados que acaban en arco de medio punto y la superior con una galería de columnas jónicas (en la actualidad hay un tercer piso retranqueado, obra posterior).

La fachada norte presenta un pórtico con dos columnas jónicas y sobre ellas un entablamento liso. Esta fachada corresponde a la segunda planta del edificio. Cuando se construyó el edificio, la primera planta quedaba, por ese lado, bajo el nivel del terreno, que por aquella época bajaba en una pequeña cuesta hasta el paseo del Prado, hasta que más tarde se desmontó este desnivel hasta ponerlo a la misma altura que el suelo real del monumento. Hubo que construir una escalinata para su acceso (1882).

La fachada sur (que da a la plaza de Murillo, frente al Jardín Botánico) está formada por un vano adintelado, de acceso al interior, y una logia o galería con seis columnas de orden corintio sobre las que se apoya un entablamento.

El interior del edificio es abovedado en sus salas centrales. El vestíbulo de la entrada norte está formado por una rotonda con ocho columnas jónicas cuya bóveda tiene decoración de casetones.

jueves, 19 de mayo de 2011

El museo del Prado





En el año 1785, el arquitecto Juan de Villanueva comenzó a diseñar los nuevos planos para la construcción de un museo de Ciencias Naturales en Madrid. El edificio en cuestión quedaría después como sede de una pinacoteca guardando una gran tesoro artístico y se llamaría Museo del Prado. Inaugurado el 19 de noviembre de 1819 siendo uno de los museos públicos de arte más antiguos del mundo.

Juan de Villanueva consiguió llegar a la culminación de su carrera arquitectónica con la construcción de este edificio que fue el primero que hizo verdaderamente importante y de envergadura. Se trataba de una obra ubicada en el amplio trazado que se estaba llevando a cabo en el salón del Prado que tenía ya extensos jardines y variadas estatuas.

La elaboración de sus planos tuvo un proceso de gestación bastante largo hasta que por fin desembocó en la planta definitiva que hoy conocemos. Las obras de construcción fueron también de muchos años de duración, a lo largo de todo el reinado de Carlos IV. Con la llegada de los franceses a España y la Guerra de la Independencia se interrumpieron. El edificio fue entonces utilizado para fines estratégicos y fue despojado de todo el emplomado que tenía. En ese momento empezó su deterioro que aumentó con los años, hasta que en el reinado de Fernando VII, su esposa Isabel de Braganza quiso recuperarlo para que no llegase a una ruina total. Ella fue la gran impulsora de este proyecto de recuperación y a ella se debe el éxito final, aunque no vivió para saborearlo pues murió un año antes de la inauguración. Tanto Fernando VII como Isabel de Braganza contribuyeron con sumas cuantiosas de dinero de su propiedad. Se llevaron allí muchas obras de pintura y escultura del palacio Real y de otros sitios reales.

El 19 de noviembre de 1819 se inauguró el museo. En memoria de la reina muerta el año anterior, se dio su nombre al salón ovalado que en aquel entonces tenía un balconaje desde el cual se podía observar la galería de escultura de la planta baja. En este comienzo el museo contaba con 3 salas y 311 cuadros. En años sucesivos fueron aumentando las obras de arte y se fueron abriendo más salas. El cuerpo central sobresale con una construcción que tiene 6 columnas de orden toscano (también llamado dórico romano), un entablamento, una cornisa y un ático que lo remata. Las 2 alas laterales tienen 2 plantas en altura. La inferior con unos ventanales profundos y alargados que acaban en un arco de medio punto y la superior con una galería de columnas jónicas. (En la actualidad hay un tercer piso retranqueado, obra posterior). La fachada norte, tiene un pórtico con columnas jónicas y sobre ellas un entablamento. Esta fachada corresponde a la segunda planta del edificio. Cuando se construyó, la primera planta quedaba, por este lado, metida en el desnivel del terreno, que por aquella época bajaba en una pequeña cuesta hasta el paseo del Prado, hasta que más tarde se allanó el terreno hasta ponerlo a nivel con el suelo real del monumento, por lo que tuvieron que construir una escalinata para su acceso. La fachada sur tiene un vano adintelado, de acceso al interior, y una logia que la componen 6 columnas de orden corintio sobre las que se apoya un entablamento. Es la que está frente al Jardín Botánico.El interior del edificio es abovedado en sus salas centrales. En la parte norte hay una rotonda con 8 columnas jónicas cuya bóveda tiene decoración de casetones.