viernes, 22 de noviembre de 2013

El TEATRO DE MÉRIDA

El teatro fue mandado a construir por el cónsul Marco Agripa en el año 18 a.C y la escena fue reedificada por Trajano y terminada por Adriana, en el año 135 d.C. La cavea era colosal para un teatro de provinvias. Mide 86,63 metros de diámetro y podía albelgar 5.500 espectadores, lo que, daba la corta población de las ciudades, hace suponer que asistirían a las representaciones gran parte de la población campesina.  Esta cavea se construye en parte, aprovechando la ladera de una pequeña colina, por lo que la orchestra queda mucho más baja que la calle que rodea la cavea. El exterior es de buena sillería de piedra  de granito almohadidalla, y tiene trece puertas de entrada que comunican, alternativamente, con uno u otro de los tres pisos de la grada. La organización interna está compuesta por pasillos curvados, adecuados al hemiciclo, comunican una salida o vomitorium con otra; como nivel de la cavea tenía sus puertas propias, el desalojo del público podía hacerse en cuestion de minutos.
A la orchestra se accede desde el exterior por otras dos grandes puertas que permitían el paso de carruajes a través de espacios abovedados con arcos diagonales de refuerzo en las esquinas. El proscenio, la orchestra y el pulpitum están pavimentados con mármoles que, en su colocación y diversidad de tonos, diseñan una elegante decoración.
En el escenario hay restos de doce agujeros que debían servir para albergar mástiles que sujetaran el telón y la tramoya. Pero desde el punto de vista artístico lo más importante es el muro que sirve de fondo a la escena. Bien conservado y mejor reconstruido a partir de las excavaciones de José Ramón Mélida en 1910 y 1915, puede apreciarse hoy en casi toda su monumentalidad. Consta de dos órdenes corintios superpuestos y el alzado frontal queda rítmicamente movido por siete pórticos, tres de ellos más profundos para las tres puertas rituales. Las columnas son de mármol gris azulado muy veteado y los capiteles y basas blancos. Entre las columnas se encuentran estatuas de Ceres, Venus, Baco, Plutón, Proserpina y Varios emperadores; hoy todas ellas se encuentran en el Museo de la ciudad y en su lugar se han colocado copias exactas. En el pórtico central se interrumpía el orden superior y se cubría por un casquete de cuarto de esfera, hoy caído. La escena se cubría con una gran marquesina de madera, como era habitual en estos edificios. La parte posterior es en su cojunto, tan amplia, o más, que la cavea. Los entrantes y salientes del muro de la escena son aprovechados para construir los camerinos y detrás de ellos se extiende un amplio espacio rectangular con pórticos, jardines, biblioteca, alberca y otras dependencias. Con ellos se siguen al pie de la letra las recomendaciones de Vitruvio. Esta post-escena es semejante a la del teatro de Pompeyo en Roma, y el muro de la escena se parece al tunecino de Dugga. Desde el organizado conjunto hasta los pequeños detalles, como las molduras y los capiteles, trasciende una latinidad llena de sensibilidad y fuerza, que ya es genuinamente romana.

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