jueves, 15 de mayo de 2014

EL GRAN MASTURBADOR


Se trata ésta de una de las obras de mayor importancia de Salvador Dalí, la cual nos introduce de lleno en el Surrealismo. Fue realizada en la época más creativa del autor (1929).
Esa gran masa amarillenta representa un autorretrato del pintor, quien era muy pálido y con una enorme nariz. Es una obra sumamente autobiográfica en la que aparecen reflejados multitud de sus miedos u obsesiones. La langosta de forma fálica situada donde debiera estar la boca, es una de las fobias del pintor: le aterrorizaban de niño. Las conchas y guijarros, hacen alusión a la playa, a su infancia, mientras que las hormigas que están en el vientre de la langosta y que ascienden por su cara, son clara referencia a lo putrefacto, a lo descompuesto...a la muerte en definitiva.

Se trata de una pintura al óleo sobre lienzo. Presenta una factura lisa, la pincelada apenas se nota.
El tema representado es bastante complejo. Aparece una gran masa amarillenta y angulosa de cuyo extremo superior izquierdo( desde el punto de vista del espectador) surge la cabeza de una mujer que se acerca a unos genitales masculinos. Además están representados una cabeza de león, una langosta, unos personajes que pasean solitarios y un lirio, todo ello de carácter simbólico.
La composición es estática y simétrica aunque ligeramente descompensada en cuanto a las masas hacia la izquierda. El horizonte es amplísimo y se funde con la línea del suelo de forma difusa.
Predomina el dibujo , utilizando una línea nerviosa en ocasiones, jugando mucho con las curvas. Los colores empleados son brillantes y juega con la combinación entre fríos y cálidos de forma magistral.
Una luz fría e irreal invade toda la composición dándole un aspecto de ensoñación. Las sombras negras inquietantes que se proyectan indican la presencia de un foco de luz dirigido desde la izquierda (según miramos el cuadro), provocando grandes contrastes entre las zonas iluminadas y las que se encuentran en penumbra.
El espacio se sigue entendiendo al modo clásico, se valora el volumen de las figuras y la perspectiva lineal. Como es habitual en el autor, la visión se produce desde un punto elevado, lo que baja la línea del horizonte y permite una larga perspectiva que crea un ambiente, de nuevo, de fuerte extrañamiento.
Las figuras representadas son muy diferentes entre sí. Mientras que la mujer, de líneas ondulantes, se relaciona con el prototipo de mujer modernista, el hombre al que se acerca parece más una escultura, es algo frío, pétreo.

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